Aislamiento en la multitud
A pesar de la creciente multitud de curiosos y de la presencia constante de los medios de comunicación en el exterior, los Johnson se sentían más aislados que nunca. La casa que antes resonaba con risas, conversaciones animadas y visitas de amigos y vecinos era ahora un espacio silencioso y casi sombrío, una isla rodeada por un mar de ojos inquisitivos y murmullos incesantes. Erika se apoyó en Mark, buscando consuelo en su cercanía, mientras ambos observaban los rostros del exterior, extraños que miraban como si presenciaran un espectáculo. En lo que había sido su refugio, ahora se sentían rodeados, solos y asediados por una curiosidad que parecía no tener fin.
Aislamiento en la multitud
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Una teoría inesperada
El repentino timbre del teléfono rompió el tenso silencio que se cernía sobre la casa de los Johnson. Al otro lado de la línea estaba un antiguo compañero de universidad de Mark -ahora geólogo- que, tras seguir las noticias, había decidido ponerse en contacto. Con voz grave pero decidida, expuso una teoría sorprendente: el socavón podría no ser natural, sino obra del hombre. Erika y Mark intercambiaron una mirada de sorpresa. La idea sonaba improbable, incluso poco razonable, pero en la confusión en que vivían, cualquier posibilidad merecía ser considerada. A pesar de la incertidumbre de sus palabras, había una convicción en la voz del geólogo que captó inmediatamente la atención de Mark. Algo en aquella hipótesis resonaba con el malestar que habían sentido desde el principio.
Una teoría inesperada

